Racing tenía una deuda de $3.375.464 con el Centro de Fomento Curuzú Cuatiá de Villa Elisa, el club donde se formó Carlos Alcaraz. Terminó pagando $33.624.565. La diferencia, $30.249.101, son solamente intereses: casi nueve veces la deuda original.
Dicho de otra forma: de cada 10 pesos que salieron de las arcas de la Academia, 9 fueron el costo de no haber pagado a tiempo. Solo uno correspondía a lo que realmente se debía.
La deuda nació en la gestión de Víctor Blanco, cuando Alcaraz renovó su contrato antes de ser vendido al Southampton. Por esa extensión le correspondía un porcentaje al club formador, pero Racing nunca giró el dinero.
Curuzú Cuatiá fue a la Justicia. El Juzgado Civil y Comercial Nº 20 de La Plata le dio la razón en primera instancia y el club apeló justamente el criterio con el que se calculaban los intereses. La Cámara de Apelación y Garantías volvió a fallar a su favor, y ese cálculo es el que multiplicó la cifra.
La factura de los años de litigio le llegó a la dirigencia de Diego Milito, que tuvo que cerrar una deuda heredada pagando diez veces lo que costaba saldarla en su momento.
Alcaraz, hoy en el Everton, también habló: en la publicación en la que Curuzú Cuatiá celebró el cobro, escribió: “Ojalá entonces hagan las cosas que en su momento habían hablado conmigo y sepan administrar ese dinero”.







